Las promesas de fin de año que tu empresa no debería hacerse

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Dicen que a las promesas se las lleva el viento, y no existe un ámbito en el que esto no sea verdad. Antes que prometer algo difícil de cumplir, mejor y más honesto es no prometer nada. En el ámbito empresarial, es importante comprender que hay promesas de fin de año que tu empresa  no debería hacerse.

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No obstante, las promesas muchas veces funcionan como estímulo para las personas, puesto que les permite proponerse metas u objetivos concretos a lograr. Aunque promesa y objetivo no son lo mismo, porque un objetivo puede no alcanzarse, pero una promesa tiene un carácter moral que resta credibilidad a la persona que la incumple.

En este sentido, cabe mencionar que no son pocas las promesas que hacen las empresas durante el año, pero en especial cuando el mismo está concluyendo y se aproximan las fiestas, porque el ánimo de las personas cambia y, generalmente, las esperanzas en el porvenir se renuevan, por lo que la mayoría de los humanos se sienten un poco más optimistas y confiados en que pueden lograr grandes cosas.

Esto no está mal, pero hay que saber discernir entre lo posible y lo deseable, para poner especial atención con aquellas promesas de fin de año que tu empresa no debería hacerse, pero que probablemente ya estás pensando o evaluando.

El objetivo de este artículo es enumerar las promesas más comunes de fin de año que tu empresa no debería hacerse y lo que sí deberías replantearte antes de soñar despierto/a.

 

1. No deberías prometer un crecimiento exponencial al 200%.

Una empresa puede prometerse lograr un crecimiento del 200%, pero es necesario evaluar previamente si la capacidad de tu empresa lo permite. Es totalmente normal que las empresas, bajo el influjo de los aires de fin de año, prometan cosas más allá de lo humanamente realizable, incluso, de su capacidad operativa. Por eso deben tomar conciencia de lo que realmente implica crecer el 200% y si es factible lograrlo, y en qué tiempo.

Alcanzar un crecimiento es posible, pero debes definir objetivos realistas y concretos antes que suponer que “todo es posible si realmente lo deseas”. Sentencias falaces como esta solo generan frustraciones para quienes prometen, pero sobre todo para quienes creen y se ilusionan con tales promesas. 

Por eso es preferible un crecimiento sostenido en el tiempo, aunque no alcance el 200%, que un crecimiento abrupto que no pueda mantenerse por un largo periodo y que obligue a un gran esfuerzo poco recompensado. 

 

2. Prometer implementar una nueva metodología.

Es un error caer en la ilusión de que se puede implementar una nueva metodología cuando no están formalizados los procesos, o no se tienen definidas las áreas, o no se tiene definido quién trabaja, quién no trabaja, cuántos trabajadores hay en la empresa, cuáles son las funciones más relevantes, etc. 

Además, una nueva metodología requiere tiempo de decisión e implementación, puesto que debe ser compatible con la estructura organizacional de la empresa y adaptable para los trabajadores. De nada servirá perder tiempo y recursos en una nueva metodología que no producirá a largo plazo una mejora en los procesos y en el rendimiento productivo. Pregúntate primero si realmente tus flujos de trabajo necesitan una nueva metodología o solo una auditoría de procesos.

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3. Prometer que se duplicará el equipo de colaboradores para el año entrante.

Esta iniciativa de promesa también es un error, ya que por lo general las empresas no tienen bien estructuradas las áreas ni están al tanto de qué rol cumple cada trabajador, entre otras cuestiones. Las promesas son válidas siempre y cuando conozcamos nuestra empresa, las personas que trabajan en ella, los procesos y objetivos; y a partir de allí proyectar. 

Prometer simplemente porque se acaba el año y no se pudieron cumplir promesas anteriores, no significa que el nuevo año será distinto. Los últimos meses de cada año deberían utilizarse, no para realizar promesas de fin de año que las empresas no deberían hacerse, sino efectuar balances de lo que se sí se logró realizar y lo que no, para evaluar cuáles de los objetivos no se lograron y por qué, y si es asequible replantearlos para el próximo año.

 

4. Prometer digitalizar la empresa para el próximo año.

Este objetivo es inútil si no se comprende la necesidad de la digitalización. Las empresas tienden a prometer demasiado en términos de herramientas, cuando en realidad no tienen en claro para qué van a utilizar la herramienta. 

La mayoría de las empresas se deja llevar por la tendencia del mercado, sin considerar si están preparadas para una implementación que automatice sus procesos. De hecho, no todos los procesos son automatizables. 

 

5. Prometer incentivos monetarios poco realistas.

Asimismo, los líderes empresariales suelen hacer promesas salariales irrealizables a corto plazo, y después es cuando surgen los reclamos y las decepciones. Lo más pertinente es subir salarios o brindar incentivos, premios, etc., de una forma que sea posible lograr sin sacrificar recursos que pongan en riesgo los ingresos de la compañía.

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En conclusión, las promesas, a nivel general, pueden ser promesas en términos de crecimiento, de ventas, de clientes, de herramientas digitales, de herramientas de software, alguna nueva metodología, entre otras que se desprenden de los mismos intereses de superar las expectativas. 

En tanto que, a nivel operativo, las promesas pueden apuntar a ejecutar nuevas campañas de marketing, implementar nuevos canales o redes de difusión de una marca.

Es por esto que, las promesas deben estar amparadas en un sustento real que logre construir y hacer realidad la promesa. En otras palabras, las promesas de fin de año que tu empresa no debería hacerse son las que tienen un porcentaje bajo de cumplirse porque no poseen una base sólida de la cual crecer. 

 

 

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