La inestabilidad en Oriente Medio y el bloqueo del estrecho de Ormuz aceleran una reconfiguración estratégica del abastecimiento energético surcoreano, con México y Brasil como nuevos ejes de cooperación y el Mercosur como horizonte comercial.
La guerra en Irán y sus consecuencias sobre el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz pusieron en evidencia una vulnerabilidad que Corea del Sur conoce desde hace décadas pero que la urgencia del contexto convirtió en prioridad de estado: su estructura de abastecimiento energético está concentrada en una región del mundo que hoy opera bajo una volatilidad sin precedentes. La respuesta de Seúl fue inmediata y de alcance estratégico: girar hacia América Latina.
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El dato que explica la urgencia
Corea del Sur es especialmente vulnerable a las disrupciones en Oriente Medio, de donde importa cerca del 70 por ciento de su petróleo, y el 95 por ciento de ese volumen pasa a través del estrecho de Ormuz. Ese dato no es nuevo, pero el contexto le otorga una dimensión diferente. En 2024, cerca de 21 millones de barriles de petróleo al día cruzaron el estrecho de Ormuz, el estrecho pasaje que conecta el Golfo Pérsico con el mundo, con más del 80 por ciento de ese suministro destinado a Asia.
Las consecuencias de la crisis ya son visibles en el consumo doméstico. En Corea del Sur, las autoridades recomendaron a los ciudadanos que reduzcan el tiempo de ducha y carguen sus teléfonos durante el día para ahorrar electricidad. En paralelo, Japón y Corea del Sur —dos de los mayores compradores de gas natural licuado del planeta— están aumentando de forma acelerada el uso de carbón para generar electricidad, ante la escalada de precios del gas natural licuado y los problemas de suministro desde Oriente Medio.
La dimensión del impacto trasciende lo energético. La actual crisis ha puesto de relieve la fragilidad del sistema energético global. Lorenzo Simonelli, CEO de Baker Hughes, afirmó que es inminente un cambio estructural fundamental en el panorama energético, donde la seguridad energética adquirirá una relevancia sin precedentes. Darren Woods, CEO de Exxon Mobil, señaló que es evidente que los países tendrán que reevaluar su seguridad energética y buscar alternativas que les permitan evitar una exposición similar en el futuro.
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Las gestiones diplomáticas con México y Brasil
Frente a ese escenario, el gobierno surcoreano activó canales diplomáticos con velocidad inusual. El canciller surcoreano, Cho Hyun, contactó a sus homólogos de México y Brasil para ampliar la cooperación energética y diversificar sus fuentes de suministro ante las disrupciones provocadas por el conflicto en Oriente Medio. Cho solicitó la cooperación del gobierno mexicano, una importante nación productora de petróleo en América Latina, para garantizar un suministro constante de crudo para las empresas surcoreanas.
La gestión fue acompañada de compromisos institucionales concretos. El canciller surcoreano subrayó la necesidad de avanzar con prontitud en esfuerzos institucionales para fortalecer la cooperación económica bilateral con México, como la reanudación de las negociaciones de un tratado de libre comercio entre ambos países y la revisión del acuerdo de protección de inversiones.
Esa agenda no es retórica. El principal negociador comercial de Corea del Sur, Yeo Han-koo, viajará a México para impulsar las negociaciones de un TLC entre los dos países, con reuniones planificadas con el secretario de Economía mexicano, Marcelo Ebrard, y con legisladores. La visita también podría abordar asuntos de cooperación energética. México es el mayor socio comercial latinoamericano de Corea del Sur, con empresas surcoreanas presentes principalmente en el sector automotriz —Hyundai y Kia— y en el de los electrodomésticos —Samsung y LG—, que aprovechan los beneficios de exportación derivados del T-MEC.
Con Brasil, la cooperación adquirió un marco aún más amplio. En la cumbre de febrero entre el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, y su homólogo surcoreano, Lee Jae-myung, Seúl y Brasil acordaron elevar su relación bilateral al nivel de asociación estratégica y se comprometieron a impulsar la cooperación en sectores clave, incluida la energía, así como a trabajar para reanudar las negociaciones de un acuerdo comercial entre Corea del Sur y el Mercosur.
Las llamadas del canciller surcoreano se produjeron después de que el ministro de Finanzas de Corea del Sur, Koo Yun-cheol, afirmara que Seúl buscará expandir sus tratados de libre comercio con América Latina para diversificar sus cadenas de suministro. La diversificación energética de Corea del Sur, en ese marco, no es solo una respuesta de emergencia: es la señal de un reposicionamiento estratégico de largo plazo.
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El Mercosur como horizonte comercial
La posible reactivación de las negociaciones entre Corea del Sur y el Mercosur agrega una dimensión regional a lo que comenzó como una gestión bilateral de urgencia. En la cumbre de febrero, el presidente brasileño Lula señaló que ambos países discutieron caminos para retomar negociaciones interrumpidas en 2021, y el presidente Lee reiteró la necesidad de relanzar las negociaciones para un acuerdo de libre comercio entre Corea y el Mercosur.
Los cuatro países del Mercosur —Brasil, Argentina, Paraguay y Uruguay— representan alrededor del 70 por ciento de la población de América del Sur y el 68 por ciento de la economía de la región. Para Seúl, un acuerdo de esa envergadura no solo implicaría acceso preferencial a un mercado de consumo significativo, sino también un marco institucional para asegurar flujos de materias primas y energía con mayor estabilidad contractual y menor dependencia de la geopolítica del Golfo Pérsico.
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El impacto logístico del reordenamiento
La reconfiguración del abastecimiento energético surcoreano no es solo una decisión diplomática: es un desafío logístico de escala considerable. Incorporar proveedores latinoamericanos implica rediseñar rutas marítimas, renegociar contratos de largo plazo, ajustar la planificación de inventarios y asumir mayores tiempos de tránsito que los asociados al abastecimiento desde el Golfo Pérsico.
Este movimiento no solo implica acuerdos diplomáticos, sino también una reconfiguración de la logística internacional, con impacto en costos de transporte, tiempos de tránsito y planificación de inventarios. Al mismo tiempo, el encarecimiento de la energía y su impacto en la inflación introduce nuevas variables en la planificación logística: las empresas deben ajustar sus decisiones en función de mayores costos operativos, menor previsibilidad y un entorno donde la seguridad del suministro pasa a ser prioritaria frente a la eficiencia tradicional.
Esa prioridad —seguridad sobre eficiencia— es precisamente el cambio de paradigma que la crisis de Ormuz está acelerando en toda la cadena de suministro global. China lleva años construyendo una arquitectura energética destinada a reducir su vulnerabilidad estratégica frente a los grandes cuellos de botella marítimos, basada en acumulación de reservas estratégicas, diversificación de proveedores y expansión de infraestructuras energéticas continentales. Corea del Sur, con menos margen de maniobra geográfico que China, está iniciando ahora ese mismo proceso de redesarquitectura, y América Latina es uno de sus destinos centrales.
América Latina como nodo estratégico energético
El giro de Corea del Sur hacia la región no ocurre en el vacío. Una vez finalizada la guerra en Irán, es probable que los precios del petróleo se mantengan elevados, lo que incentivará nuevas inversiones en oportunidades offshore y en aguas profundas en África y América, posicionando a estas regiones como oportunidades atractivas a largo plazo.
Para América Latina, la atención energética de una economía de la envergadura de Corea del Sur —décima economía global y potencia industrial en sectores de alta demanda energética como semiconductores, acero y petroquímica— representa una oportunidad de posicionamiento que va más allá de la coyuntura. Las conversaciones que hoy se articulan en torno a la urgencia del suministro pueden sentar las bases de vínculos comerciales estructurales que trascienden la crisis que los originó. La pregunta para los países de la región no es si están en el mapa energético global: es si están preparados para aprovechar el momento en que el mapa se está redibujando.
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