Durante la última década, el modelo de aerolíneas de bajo costo se consolidó como uno de los grandes motores de crecimiento del transporte aéreo en América Latina. Tarifas accesibles, mayor conectividad regional y una propuesta enfocada en eficiencia permitieron que millones de personas volaran por primera vez. En ese escenario, Viva Air emergió como una de las compañías más disruptivas del mercado colombiano y peruano.
Sin embargo, detrás de su rápido ascenso, la aerolínea enfrentó una combinación de presiones externas y debilidades internas que terminaron por hacer inviable su modelo. El caso de Viva Air se convirtió así en un ejemplo contundente de cómo el crecimiento acelerado, sin una estructura financiera y estratégica sólida, puede derivar en un colapso abrupto.
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El ascenso de Viva Air
Viva Air nació con una promesa clara: democratizar el acceso al transporte aéreo mediante tarifas ultra bajas. Inspirada en modelos internacionales como Ryanair y Southwest Airlines, la aerolínea implementó una estructura de costos ajustada, flota homogénea y servicios desagregados para maximizar eficiencia operativa.
Este enfoque le permitió captar rápidamente una base de clientes sensible al precio y expandirse en rutas domésticas y regionales. Durante sus primeros años, el crecimiento fue sostenido por un contexto relativamente favorable: demanda en aumento, expansión del turismo interno y una mayor aceptación del modelo low-cost en la región.
No obstante, ese mismo ritmo de expansión sembró vulnerabilidades que, con el cambio del escenario macroeconómico, quedaron expuestas.
La combinación de factores adversos
Para comprender el caso de Viva Air, es necesario analizar el entorno en el que operó durante su etapa crítica. Uno de los principales impactos provino del aumento de la inflación global y la desaceleración económica posterior a la pandemia, que elevó los costos estructurales de la industria.
El precio del combustible —que puede representar entre el 30% y el 40% de los costos operativos de una aerolínea— registró fuertes incrementos a partir de 2022. Para una compañía cuyo diferencial era el precio bajo, esta presión redujo drásticamente los márgenes y dejó poco margen de maniobra para trasladar costos al cliente.
A esto se sumaron restricciones regulatorias y limitaciones operativas en los mercados donde Viva Air operaba. La dificultad para ajustar frecuencias, renegociar condiciones y optimizar rutas afectó su capacidad de respuesta en un contexto cada vez más exigente.
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Gestión interna y decisiones estratégicas
Más allá del contexto externo, el caso de Viva Air también expone falencias internas relevantes. La gestión no logró anticipar escenarios de estrés financiero ni ajustar el modelo de negocio con la rapidez necesaria. Las decisiones estratégicas tendieron a ser reactivas, priorizando la expansión antes que la consolidación.
La apertura de nuevas rutas sin análisis de rentabilidad suficiente, junto con inversiones que no lograron madurar en el tiempo esperado, profundizó el desequilibrio financiero. En un sector de márgenes estrechos, la falta de planificación de contingencias resultó determinante.
Impacto en los clientes y en la reputación
El colapso de Viva Air tuvo consecuencias inmediatas para miles de pasajeros, que quedaron varados o con vuelos cancelados sin soluciones claras. La crisis se amplificó en redes sociales y medios, afectando no solo a la empresa sino también la percepción del modelo low-cost en la región.
Este aspecto es central en el caso de Viva Air: la confianza del cliente es un activo crítico, especialmente en industrias de servicios. Una crisis mal gestionada puede erosionar en días una reputación construida durante años, y su recuperación suele ser costosa y prolongada.
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Lecciones aprendidas para líderes empresariales
El caso de Viva Air deja aprendizajes clave que trascienden el sector aeronáutico:
- Gestión financiera robusta: los modelos de bajo margen requieren planificación de escenarios adversos y fondos de contingencia.
- Crecimiento sostenible: expandirse sin consolidar la estructura puede amplificar los riesgos.
- Capacidad de adaptación: los cambios macroeconómicos y regulatorios exigen liderazgo flexible y decisiones oportunas.
- Comunicación y gestión de crisis: la transparencia y la respuesta temprana son fundamentales para preservar la confianza del cliente.
Estas lecciones resultan especialmente relevantes en contextos volátiles, donde la resiliencia organizacional se vuelve tan importante como la eficiencia operativa.
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Conclusión
El caso de Viva Air es un recordatorio claro de la fragilidad de los modelos de negocio cuando no están respaldados por una estrategia integral y sostenible. El crecimiento rápido, sin una estructura preparada para absorber shocks externos e internos, puede transformarse en un factor de riesgo crítico.
Para gerentes y directivos, este caso invita a revisar con profundidad la solidez financiera, la calidad de la toma de decisiones y la capacidad de adaptación de sus organizaciones. En mercados altamente competitivos, no alcanza con crecer: es imprescindible construir empresas capaces de resistir, ajustarse y evolucionar frente a la incertidumbre.
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