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25/10/26, 12:006 min read

Caso Grupo Martex: manufactura mexicana en los mundiales FIFA

Caso Grupo Martex: manufactura mexicana en los mundiales FIFA
8:18

Respuesta rápida

Grupo Martex fabricó cinco millones de camisetas de la Selección Mexicana para el Mundial 2026 desde sus plantas en Irapuato, Guanajuato. También produjo los jerseys de Alemania, Argentina, España, Japón, Colombia y Bélgica a través de su alianza con Adidas, y los de Portugal, Suiza, Austria y Marruecos a través de Puma. Todo eso desde una empresa que empezó en 1935 en San Luis Potosí fabricando telas de seda. La pregunta que vale hacerse no es cómo llegaron hasta ahí: es por qué pudieron.

Lo que aprenderás en este artículo

  • Los factores que explican el crecimiento sostenido de Grupo Martex a lo largo de tres generaciones.

    No el relato de los hitos sino la lógica detrás de cada decisión que los hizo posibles.

  • Por qué competir por calidad en lugar de por precio no es una frase de misión sino una decisión operativa.

    Lo que implica en la práctica elegir ese diferencial y mantenerlo en el tiempo.

  • Cómo la diversificación hacia el segmento táctico con Protactic revela la coherencia del modelo.

Al terminar este artículo: tendrás un análisis concreto de los factores que convirtieron a Grupo Martex en un referente de manufactura textil global y las lecciones que ese caso produce para cualquier empresa industrial que quiere competir más allá de su mercado local.

Tiempo de lectura: 6 minutos Nivel: intermedio Para: directores generales y líderes de empresas manufactureras que quieren entender cómo construir una operación que compita con estándares globales sin depender de precio bajo como ventaja competitiva.

Noventa años no son un accidente

La historia de Grupo Martex empieza en 1935 con fabricación de telas de seda en San Luis Potosí. Tres generaciones después, la empresa tiene capacidad para producir 120.000 unidades diarias, más de 5.000 colaboradores —60% mujeres—, más de US$ 500 millones invertidos y contratos con las marcas deportivas más exigentes del mundo.

Ese arco de nueve décadas no describe una trayectoria lineal ni un mercado que siempre fue favorable. Describe una empresa que tomó decisiones consistentes bajo contextos cambiantes. Y la consistencia que más se repite en la historia de Grupo Martex no es la del producto ni la del mercado: es la de los valores con que se ejecuta la operación.

Santiago Martí, CEO de la compañía, lo articula con precisión: "somos una empresa mexicana que compite con los mejores del mundo, y eso implica nunca bajar el estándar". Esa mentalidad es la que permitió transformar una empresa nacional en un socio estratégico global. Esa frase no es un slogan, sino la descripción de una elección estratégica que tiene consecuencias operativas muy concretas, y que Grupo Martex tomó y sostuvo durante décadas antes de que produjera los contratos mundiales que hoy la hacen visible.

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El estándar como ventaja competitiva: lo que implica en la práctica

Competimos por calidad, no por precio. Nuestra ventaja es la consistencia industrial. Cuando una marca global nos confía un lanzamiento mundial, sabe que cumpliremos en tiempo, volumen y estándar técnico.

Esa declaración describe tres compromisos simultáneos —calidad, tiempo y volumen— que muy pocas empresas manufactureras del mundo pueden cumplir a escala. Para el Mundial 2026, Grupo Martex llegó a producir 120.000 prendas por día durante los momentos de mayor actividad. En palabras del propio Santiago Martí: “Un estadio de futbol alberga 80.000 personas, estamos hablando que hicimos camisetas para un estadio de futbol y medio diario.”

Ese volumen con ese estándar requiere infraestructura que no se construye en dos años: maquinaria especializada, procesos de sublimado y confección bajo parámetros internacionales, tejidos inteligentes con termorregulación, absorción rápida y repelencia al agua, fibras tratadas con nanotecnología para aportar durabilidad y suavidad al tacto. Y requiere certificaciones nacionales e internacionales relacionadas con trazabilidad y estándares ambientales, además de controles de calidad de precisión milimétrica, auditados de forma permanente por los clientes globales que confían su marca a la operación de Martex.

Esa infraestructura es exactamente lo que permite a Grupo Martex ganar contratos que antes iban a fabricantes asiáticos. La empresa ganó esos contratos porque su combinación de calidad, velocidad y proximidad geográfica —el factor nearshoring que pocas veces aparece en los titulares sobre esta historia— produjo una propuesta que ningún competidor más barato podía igualar en conjunto. El resultado fue un crecimiento del 45% en ingresos al implementar el modelo sostenible en el contexto del nearshoring.

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Del deporte al equipamiento táctico: diversificación con coherencia

La decisión de expandirse hacia el segmento táctico con Protactic podría leerse como una diversificación oportunista. La lógica que la articula es más precisa que eso.

Grupo Martex no entró al mercado táctico porque era adyacente al deportivo: entró porque la infraestructura que construyó para cumplir los estándares más exigentes del deporte internacional —telas de alto rendimiento, procesos de certificación, trazabilidad, durabilidad bajo condiciones extremas— es exactamente la infraestructura que el equipamiento táctico para fuerzas del orden requiere.

Si somos capaces de fabricar para los estándares más exigentes del deporte internacional, también podemos elevar el estándar del equipamiento disponible para quienes protegen a nuestra sociedad, afirmó Martí. Esa lógica no es retórica: es la descripción de un activo operativo —la capacidad de cumplir estándares técnicos exigentes a escala— que tiene aplicaciones en más de un mercado.

Protactic opera hoy como una plataforma para acercar a las fuerzas del orden productos de alto desempeño, desarrollados bajo altos estándares y con procesos de trazabilidad, calidad y certificación equivalentes a los que rigen la operación deportiva de Grupo Martex. La empresa también fabrica prendas para cuerpos militares en México y Estados Unidos. La diversificación amplía el alcance sin diluir la identidad: sigue siendo la misma empresa con el mismo estándar aplicado a un mercado diferente.

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3 aprendizajes para empresas manufactureras

1. El estándar de calidad no es un costo: es la barrera de entrada que protege el negocio

La decisión de competir por calidad y no por precio no es filosófica: tiene consecuencias estructurales en la inversión, en los procesos y en las certificaciones que la empresa está dispuesta a sostener. Grupo Martex invirtió más de US$ 500 millones en construir la plataforma industrial que hace posible ese estándar. Esa inversión no es un gasto de operación: es la barrera que separa a Grupo Martex de competidores que pueden hacer lo mismo más barato pero no con la misma consistencia a la misma escala. Para cualquier empresa manufacturera, la pregunta no es si puede permitirse invertir en estándar de calidad: es si puede permitirse no hacerlo cuando sus clientes globales sí lo exigen.

2. La certificación no es burocracia: es el idioma con que se habla con clientes globales

Adidas y Puma no confían sus lanzamientos mundiales a proveedores que no pueden demostrar que su operación cumple sus estándares de forma verificable. Las certificaciones nacionales e internacionales, las auditorías permanentes y los procesos de compliance global no son requisitos administrativos que Grupo Martex cumple para mantener contratos: son el mecanismo por el cual esos contratos fueron posibles. Para una empresa manufacturera que quiere dar el salto a clientes de mayor exigencia, la certificación es la puerta, no el trámite.

3. La identidad de origen no limita la escala: la ancla

Noventa años de origen mexicano, tres generaciones de una misma familia, una cultura de disciplina y constancia transmitida como valor fundacional: ninguno de esos elementos es incompatible con producir cinco millones de camisetas para un Mundial. Al contrario, son los elementos que dan coherencia a una organización que creció sin perder el criterio con que empezó. La identidad de origen no es un relato de marketing: es el sistema de valores que hace que las decisiones difíciles —mantener el estándar cuando cuesta más, no bajar el precio cuando la presión del mercado lo pide— se tomen de forma consistente entre generaciones.

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Conclusión

La historia de Grupo Martex no es la historia de una empresa que tuvo suerte con los contratos globales. Es la historia de una empresa que construyó durante décadas la infraestructura operativa, los estándares de calidad y la cultura de disciplina que hicieron que esos contratos fueran posibles cuando el contexto del nearshoring los puso al alcance.

Hoy, Grupo Martex no es solo fabricante: es aliado industrial de marcas que operan bajo los estándares más exigentes del planeta. Esa posición no se ocupa con precio bajo ni con promesas de calidad: se ocupa con evidencia acumulada de consistencia industrial, auditable, certificada y verificable en cada prenda que sale de Irapuato.

 

 

Aviso legal: las marcas e instituciones mencionadas en este artículo —incluyendo Grupo Martex, Protactic, Adidas, Puma, Charly y FIFA— son propiedad de sus respectivos titulares. Su mención tiene únicamente fines informativos y de análisis estratégico. Drew no posee derechos sobre dichas marcas ni mantiene relación comercial o institucional con las mismas.

Siguientes pasos

¿Querés seguir profundizando?

El caso Grupo Martex plantea una pregunta concreta para cualquier empresa manufacturera: ¿cuál es el estándar de operación que le permitiría competir en el siguiente nivel de exigencia, y qué distancia hay entre ese estándar y el que tiene hoy? En Drew trabajamos esa conversación desde el diagnóstico de procesos y la estrategia operativa.

Preguntas frecuentes

Por tres factores combinados que ningún competidor individual podía igualar de forma simultánea: calidad técnica verificada mediante certificaciones internacionales, capacidad de producción a gran escala —120.000 unidades diarias en pico— y proximidad geográfica a los mercados de Estados Unidos, México y Canadá sede del Mundial 2026. Esa combinación, que define lo que se conoce como nearshoring textil de alto valor, produce una propuesta que un fabricante asiático más barato no puede replicar en conjunto cuando el cliente necesita velocidad, escala y estándar técnico al mismo tiempo.

Protactic es la plataforma de Grupo Martex para el segmento táctico: equipamiento de alto desempeño para fuerzas del orden, cuerpos militares y policiales en México y Estados Unidos. La diferencia no está en la tecnología —que es equivalente a la que rige el segmento deportivo— sino en el mercado y el propósito. El segmento deportivo atiende a marcas globales con exigencias técnicas de rendimiento atlético; el segmento táctico atiende a instituciones con exigencias técnicas de protección y durabilidad en condiciones extremas. La misma infraestructura, el mismo estándar de certificación, aplicados a dos mercados con lógicas distintas.

Grupo Martex lleva más de 20 años enfocado en la fabricación de jerseys para competencias internacionales. Para el Mundial de Qatar 2022 exportó las camisetas del Tri a más de 30 países. Para el Mundial 2026 produjo cinco millones de camisetas de la Selección Mexicana. A lo largo de su historia ha confeccionado jerseys para selecciones de Argentina, Uruguay, Alemania, Chile, España, Japón, Colombia, Bélgica, Portugal, Suiza, Austria, Marruecos, Senegal, Ghana y Camerún, a través de sus alianzas con Adidas y Puma.

Cómo ayudamos

En Drew analizamos modelos operativos como el de Grupo Martex para ayudar a empresas manufactureras a identificar cuáles son los estándares de calidad, las certificaciones y las capacidades de escala que separan su posición actual de la que necesitan para competir con clientes de mayor exigencia. Porque el salto al siguiente nivel de mercado no empieza con el contrato: empieza con la decisión de construir la infraestructura que lo hace posible.

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