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Cultura empresarial como potenciador del crecimiento: Mito o realidad

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 13/10/21 14:00

La cultura empresarial es uno de los aspectos fundamentales de una organización y lo que principalmente la diferencia de otra empresa. En este sentido, dos empresas pueden dedicarse a vender los mismos productos o servicios pero esto no las hace ser iguales, puesto que cada una ha construido una identidad propia que involucra a todos sus colaboradores, que han adoptado una manera de ser única, basada en los valores, misión y visión desarrollados por sus fundadores a lo largo del tiempo.

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Constituye el conjunto de creencias, reglas, comportamientos y valores que comparten los miembros de una empresa y que se transmite a las nuevas incorporaciones, con el fin de que esta cultura empresarial permanezca en el tiempo y se impregne en las personas fomentando el compromiso de sus empleados.

Cuando hablamos de visión, misión y valores, nos referimos a la propuesta de valor y el sentido de pertenencia que intenta promover la empresa en sus miembros, de modo tal que estos se conviertan en una parte importante de ella, como un engranaje de reloj, en donde todas las piezas encajan y cumplen una función determinante para que todo el sistema cumpla un correcto desempeño. 

Sin embargo, además de desarrollar una cultura empresarial que integre a sus colaboradores, muchas empresas buscan crear una cultura empresarial como potenciador del crecimiento, lo cual es posible en una cultura empresarial sana, pero no siempre se cumple por los motivos que vamos a explicar a continuación, y que serán la materia de este artículo.

 

Tipos de cultura empresarial.

Existen dos tipos de cultura empresarial: la cultura sana y la cultura enfermiza. 

La cultura sana o saludable remite a todas aquellas empresas donde se genera la participación de los empleados, se fomenta la innovación, la generación de ideas, en donde las personas ascienden en función de sus aptitudes y no de las relaciones que establecen con sus jefes. Se promueve una escalabilidad importante en donde se trabaja a través de objetivos, que tratan de superarse día a día. 

Este tipo de cultura empresarial es perdurable en el tiempo porque incluye a trabajadores comprometidos, que trabajan en equipo y colaboran con ideas ayudando a la organización a crecer. No es individualista, por lo que las empresas de este tipo buscan el crecimiento colectivo y la renovación constante de las ideas que aportan valor.

Las culturas enfermizas, en cambio, se desarrollan en empresas muy politizadas donde las jerarquías están dadas en función de las relaciones personales, es decir, por afinidades en lugar de obedecer al mérito, esfuerzo y compromiso con la empresa. Se caracterizan por el individualismo, ya que la generación de ideas en grupo no existe, sino que los empleados guardan sus ideas para sí y las revelan a sus jefes para destacarse sobre el resto.

En una cultura enfermiza predominan la competencia entre los empleados y los favoritismos. Se pierden los escrúpulos entre colegas y jefes porque no existe la ayuda recíproca sino la ley de la selva. No hay sentimiento de unidad ni compromiso corporativo por lo mismo que se persigue un fin individual.

Partiendo de esta diferencia, podemos afirmar que una cultura sana puede potenciar el crecimiento, mientras que una cultura enfermiza puede llevar a la organización a quebrarse, porque estos comportamientos van generando silos entre las personas que evitan que se comuniquen. 

Si algún miembro de la empresa tiene una idea, no la materializa, se la queda en su mente por temor a que otro de la misma compañía se la robe y la asuma como propia. Estas acciones y otras del mismo calibre determinan que esas organizaciones se estanquen y comiencen a decrecer de a poco.

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¿Qué necesita una cultura empresarial para potenciar su crecimiento?

Como ya mencionamos, una cultura empresarial sana es la única que tiene posibilidades de crecer por fomentar el trabajo en equipo, la generación de ideas y la cooperación constante. Sin embargo, estas actitudes no son suficientes para que una cultura empresarial potencie su crecimiento sin procesos formalizados que ordenen, optimicen y gestionen los procesos clave de una empresa de este tipo.

A todo esto, vale la pena aclarar que una cultura empresarial enfermiza no puede potenciar su crecimiento y está condenada al estancamiento, dado que no cuenta con valores colectivos de unidad y colaboración corporativa. 

Pero volvamos a los procesos formalizados. ¿Por qué la cultura empresarial sana debe superar esta barrera para fomentar el crecimiento? Porque los procesos optimizados permiten lograr los objetivos que pululan en el mundo de las ideas, concebidos sobre la base de una cultura saludable, de manera eficiente y eficaz. 

Formalizar procesos implica que todas las áreas estén alineadas y alcancen los objetivos respondiendo a determinados procesos correctamente procedimentados y delimitadas sus tareas. Sin procesos formalizados, es imposible realizar un proceso comercial efectivo que genere resultados de ventas, así como tampoco permite una adecuada selección del personal en el área de recursos humanos

Cuando los procesos no están debidamente formalizados, las consecuencias están a la vista: la desmotivación acelerada de los trabajadores, que provocará que todo el trabajo previo de conformar una cultura empresarial sana haya sido en vano. 

Por consiguiente, es muy probable que a largo plazo las mismas personas que en un principio estaban tan arraigadas a su cultura empresarial, se desmotiven tanto que terminen yéndose. Entonces, tendremos una empresa con serios problemas de rotación de personal, y ninguna empresa desea eso, puesto que genera más obstáculos para crecer.

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En conclusión, para lograr una cultura empresarial como potenciador del crecimiento son necesarios dos requisitos: una cultura empresarial sana, que genere un entorno flexible, colaborativo e innovador, y tener los procesos formalizados para, de esta manera, poder dar forma real y efectiva a las ideas.