Drew | Business Insights

UE–Mercosur: una tercera vía para América Latina entre China y EE.UU.

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 31/01/26 13:00

Durante años, América Latina se movió en un tablero global dominado por dos grandes polos de poder: Estados Unidos y China. Entre acuerdos comerciales, inversiones estratégicas y disputas geopolíticas, la región muchas veces quedó atrapada en una lógica de dependencia, con márgenes de maniobra acotados. En ese contexto, el renovado impulso del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur vuelve a poner sobre la mesa una pregunta clave: ¿puede América Latina construir una tercera vía que le permita diversificar alianzas y fortalecer su autonomía estratégica?

Este artículo analiza por qué el acuerdo UE–Mercosur no es solo un tratado comercial, sino una señal política y económica de mayor alcance. Explora qué propone esta alianza, cuáles son sus implicancias para la región y por qué podría convertirse en una alternativa relevante frente a la creciente influencia de China y el histórico peso de Estados Unidos.

<<<UE–Mercosur: un acuerdo que proyecta una nueva comunidad económica>>>

 

Un acuerdo que vuelve en un nuevo escenario global

El acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur lleva más de dos décadas de negociaciones, avances y retrocesos. Sin embargo, el contexto actual es radicalmente distinto al de sus inicios. La fragmentación del comercio global, las tensiones geopolíticas, la transición energética y la búsqueda de cadenas de suministro más resilientes reconfiguraron las prioridades de los grandes bloques económicos.

Para Europa, el acercamiento al Mercosur responde a la necesidad de diversificar proveedores, reducir dependencias críticas y reforzar vínculos con regiones políticamente afines. Para América Latina, representa la posibilidad de integrarse a un espacio económico que no solo demanda productos, sino que también promueve estándares comunes en sostenibilidad, gobernanza y desarrollo tecnológico.

En este sentido, el acuerdo UE–Mercosur aparece como algo más que un pacto arancelario: es una plataforma de cooperación de largo plazo.

 

 

Entre dos gigantes: el dilema estructural de América Latina

En las últimas dos décadas, China se consolidó como uno de los principales socios comerciales de muchos países latinoamericanos, especialmente en Sudamérica. Su rol como comprador de materias primas, financiador de infraestructura y actor clave en sectores estratégicos es indiscutible. Al mismo tiempo, Estados Unidos sigue siendo un socio central, con vínculos históricos, financieros y políticos profundamente arraigados.

El problema no es la relación con estos actores, sino la asimetría. En muchos casos, la región exporta bienes de bajo valor agregado e importa tecnología, capital y manufacturas, lo que limita su capacidad de desarrollo industrial y su margen de negociación.

En este escenario, la Unión Europea ofrece una alternativa distinta. No reemplaza a China ni a Estados Unidos, pero introduce una lógica complementaria basada en reglas claras, previsibilidad institucional y cooperación más equilibrada.

<<<Oportunidades y desafíos del e-commerce en América Latina>>>

 

Qué propone la “tercera vía” europea

El atractivo del acuerdo UE–Mercosur radica en su enfoque integral. No se limita al intercambio de bienes, sino que incluye compromisos en múltiples dimensiones:

  • Comercio bilateral con reducción progresiva de aranceles.
  • Cooperación política y diálogo institucional permanente.
  • Estándares comunes en sostenibilidad ambiental y social.
  • Facilitación de inversiones y protección jurídica.
  • Integración en cadenas de valor más sofisticadas.

Esta combinación posiciona a Europa como un socio que no solo compra o vende, sino que busca construir reglas compartidas. Para América Latina, esto implica la oportunidad de elevar la calidad de su inserción internacional, aunque también exige adaptaciones internas.

 

 

Oportunidades para la región: más que exportar commodities

Uno de los principales desafíos históricos de América Latina es la concentración exportadora. El acuerdo UE–Mercosur podría ayudar a diversificar la matriz productiva si se aprovecha estratégicamente.

Europa demanda alimentos, energía, minerales críticos y productos industriales, pero también servicios basados en conocimiento, tecnología aplicada y soluciones vinculadas a la transición verde. Esto abre oportunidades para sectores como la agroindustria con mayor valor agregado, las energías renovables, la economía circular y ciertos nichos industriales.

Además, la integración con un bloque altamente regulado puede funcionar como un incentivo para mejorar estándares internos, profesionalizar procesos y fortalecer capacidades productivas locales.

<<<Exportaciones chinas caen por primera vez desde la guerra comercial>>>

 

Riesgos y tensiones: no todo es automático

Sin embargo, el acuerdo no está exento de críticas y desafíos. Existen preocupaciones legítimas sobre el impacto en sectores industriales menos competitivos, la presión sobre economías regionales y las exigencias ambientales que algunos países perciben como barreras encubiertas.

También hay tensiones internas dentro del Mercosur, con visiones distintas sobre apertura comercial, protección de mercados internos y ritmo de integración. La clave estará en cómo cada país diseñe políticas de acompañamiento que permitan convertir el acuerdo en una herramienta de desarrollo y no solo en una apertura unilateral.

El riesgo no es el acuerdo en sí, sino firmarlo sin una estrategia clara de adaptación productiva.

 

 

Implicancias geopolíticas y el equilibrio en un mundo fragmentado

Desde una mirada geopolítica, el acuerdo UE–Mercosur refuerza la idea de un mundo multipolar, donde las alianzas no son excluyentes, sino complementarias. Para América Latina, avanzar en esta dirección implica ganar margen de maniobra y reducir la dependencia de un solo actor dominante.

Este equilibrio no se logra solo con tratados, sino con decisiones estratégicas sostenidas: inversión en capacidades productivas, fortalecimiento institucional y una visión de largo plazo sobre el rol de la región en el comercio global.

En este sentido, el acuerdo puede funcionar como un ancla de previsibilidad en un contexto internacional cada vez más volátil.

 

 

El verdadero desafío es la implementación

Uno de los errores más frecuentes en la región es confundir acuerdos con resultados. La firma del acuerdo UE–Mercosur no garantiza beneficios automáticos. Su impacto dependerá de cómo gobiernos, empresas y sectores productivos lo incorporen a sus planes estratégicos.

Será clave invertir en infraestructura, mejorar logística, profesionalizar exportaciones y acompañar a las pymes en procesos de internacionalización. Sin una implementación activa, el acuerdo corre el riesgo de quedar como una oportunidad desaprovechada.

 

 

Una oportunidad para redefinir el posicionamiento regional

En un mundo atravesado por tensiones entre grandes potencias, el acuerdo UE–Mercosur ofrece a América Latina la posibilidad de construir una posición más equilibrada. No se trata de elegir entre China o Estados Unidos, sino de ampliar el abanico de alianzas y fortalecer la capacidad de decisión propia.

Esta “tercera vía” no es neutral ni automática. Requiere estrategia, coherencia y visión de largo plazo. Pero, bien gestionada, puede convertirse en una palanca para un desarrollo más diversificado, sostenible y autónomo de cara a 2026 y más allá.