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Caso Disney: La negociación detrás de 21st Century Fox

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 23/07/23 14:00

Disney es más que una marca de contenidos audiovisuales para el público infantojuvenil, es uno de los imperios del entretenimiento más grandes del mundo desde hace un siglo, y su ambición de crecimiento no tiene límites. La productora fundada por Walt Disney en 1923, creador del popular dibujo animado del ratón Mickey, se ha hecho famosa en los últimos años por adquirir grandes productoras multinacionales por sumas multimillonarias. Una de las negociaciones más polémicas fue sin duda la compra de 21st Century Fox en 2019

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En la actualidad, Disney es el conglomerado mediático más importante del planeta, seguido por Warner Bros, Discovery y Paramount Global. Es dueña de parques temáticos y diversos canales de televisión abierta y paga, como American Broadcasting Company, ESPN y otros canales como Disney Branded Television. Según Forbes, hasta 2015 sus acciones en la Bolsa estaban valuadas en 500.000 millones de dólares.

Desde 2018, opera en streaming su plataforma de contenidos denominada Disney+, en donde los usuarios que se suscriben de forma paga pueden acceder a toda la grilla de programación sobre series, películas y documentales, en sus respectivos canales y géneros. En este nuevo caso de estudio, vamos a realizar un breve repaso de los orígenes de Disney y su rol negociador para adquirir otras multinacionales que se incorporan a su conglomerado. Descubre el caso Disney.

 

Los orígenes de Disney: Mickey Mouse

La historia de Disney se remonta a 1923, cuando Walt Disney junto con su hermano Roy O. Disney funda Disney Brothers Studio, un estudio para producir películas, que luego sumaría a un animador amigo de Walt, Ub Iwerks, y a la actriz infantil Virginia Davis. Luego de estas incorporaciones, el estudio se renombró a Walt Disney Studio, en donde se produjeron varias películas de Alice's Wonderland y 26 películas animadas de Oswald, el conejo afortunado, bajo la tutela de Universal. 

Pero en 1928 Disney perdió con Universal los derechos del conejo Oswald y la compañía recién los recuperaría en 2006, cuando Walt ya llevaba varias décadas muerto. Tras la pérdida de su primer personaje, al estudio le llegó la oportunidad de crear al personaje más icónico de su catálogo, que se convirtió en la mascota de la empresa: el ratón Mickey

Disney Studio realizó sus dos primeras películas mudas con este famoso ratón, Plane Crazy y The Gallopin' Gaucho, como proyecciones de prueba. Posteriormente, el estudio creó su primera película sonora y el tercer cortometraje de la serie de Mickey Mouse, Steamboat Willie. Esta vez se realizó con sonido sincronizado, llegando a ser la primera caricatura sonora postproducida. Este corto se convirtió en un éxito masivo, abriendo camino a otras compañías de la industria para que también se animaran a lanzar sus propias animaciones.

Mickey Mouse llegó a tener su propia tira cómica y se convirtió en el primer personaje en tener licencia de la historia, al obtener ingresos a través de su figura pública. En 1934, Walt Disney llegó a afirmar que ganaba más dinero con la comercialización de Mickey que con las películas que producía. También durante la década del 30 Disney produjo una de sus películas animadas más populares: Blancanieves y los 7 enanitos, estrenada en 1937, que llegó a ser un éxito sin precedentes.

En las décadas posteriores, comenzaron a desfilar títulos clásicos como La Cenicienta (1950), La Bella y la Bestia (1991), El Rey León (1994) y muchas más que llegaron a convertirse en íconos de la cultura pop, aclamadas por públicos de todas las edades. También en la década del 50 se inauguró Disneyland, el primer parque temático de la compañía. El gran éxito cosechado le permitió abrir nuevos parques temáticos alrededor del mundo. 

A medida que Disney crecía, más se ponía en evidencia su ambición por obtener nuevos medios de aumentar sus ya exorbitantes ganancias. Fue así que en 2006 adquirió Pixar Animation Studios, Marvel Entertainment en 2009 y LucasFilms en 2012. Estas adquisiciones le permitieron acceder a varias de las franquicias más exitosas de la historia del cine, como Toy Story, Avengers y Star Wars. Sin embargo, esto no terminaba aquí. Todavía la compañía del ratón nos tenía reservada una nueva sorpresa.

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Disney compra Fox: La mayor negociación de la industria cinematográfica

La adquisición de la 21st Century Fox por parte de Disney marcó un hito importante en la supremacía de Disney como conglomerado del entretenimiento. El acuerdo comercial reveló que Disney adquirió Fox por 71.000 millones de dólares, obteniendo con ello una gran cantidad de activos, entre los que se destacaban franquicias muy taquilleras como X-Men, Deadpool, Avatar, Los Simpson, entre otras.

Asimismo, Disney obtuvo el acceso a todo el amplio catálogo de contenidos de la compañía adquirida, con excepción de los canales deportivos, que quedaron exclusivamente en dominio de Fox. Este marco regulatorio buscaba evitar que Disney se convirtiera en un monopolio de la industria del entretenimiento. Además, Fox, al ser adquirida, cedía un gran porcentaje de sus acciones, por lo que tenía que resguardar un mínimo de su patrimonio fuera del dominio de Disney.

Aun así, Disney es una mina de oro que no para de crecer, y una prueba de esto es la creación de su plataforma de streaming Disney+ en 2019, donde exhibe todos los contenidos de cada una de las productoras adquiridas, desde todas las series y películas de superhéroes de Marvel hasta el relanzamiento de la franquicia de Star Wars bajo la dirección de Disney, y con George Lucas de espectador. 

La compra de Fox significó obtener más contenidos de superhéroes en su catálogo de series y películas, lo que representa un duro desafío para las productoras de la competencia producir material de impacto que rivalice con el enorme abanico de posibilidades que hoy en día ofrece la plataforma de Disney+. Esto podría suponer el triunfo definitivo de la marca del ratón, pero a veces no basta con comprar contenidos y tener el poder de las franquicias más taquilleras si se apunta a un único público objetivo, teniendo un mercado tan amplio. 

 

Reversiones políticamente correctas de los clásicos animados  

Una de las decisiones cuestionables de Disney los últimos años fue reversionar los clásicos animados como La Sirenita, El Rey León, Mulán, La Bella y la Bestia y, en breve, Blancanieves y los 7 enanitos (?) en el formato live action. Algunas de estas adaptaciones fueron ampliamente celebradas por la audiencia, como la versión de La Bella y la Bestia con Emma Watson, pero otras fueron duramente rechazadas por el público, pese a que la crítica suele ser un poco más benigna.

Esta disonancia entre lo que el público quiere ver y lo que la crítica especializada considera apropiado mostrar a la gente es lo que finalmente puede poner las aspiraciones monopólicas de Disney en jaque. Pero, ¿qué tienen de malo estas adaptaciones? No tienen nada de malo, son simplemente políticamente correctas. Se apoyan en la cultura “woke”(voz inglesa que hace referencia a una actitud despierta frente al racismo) reescribiendo los clásicos bajo una mirada inclusiva y feminista que busca promover y empoderar a las minorías que fueron objeto de discriminación en EEUU durante gran parte del siglo XX.

La iniciativa es realmente positiva y necesaria para cambiar la mentalidad del mundo con respecto a la discriminación, pero de la manera que lo plantea Disney se nota forzada, poco auténtica, porque encontramos personajes totalmente radicales, en donde todos los personajes masculinos y caucásicos son malvados y las mujeres, personas de color y del colectivo LGBT+ son siempre buenas y oprimidas. Este mensaje, lejos de ser inspirador, es adoctrinador, porque enseña que la naturaleza humana se reduce a bueno y malo, sin matices, y que el esfuerzo para lograr algo no es importante si ya el personaje viene investido de atributos.

Si bien el público objetivo para estos contenidos existe y hacia ellos apunta bajo el cartel de la concientización, Disney es un imperio del entretenimiento que puede darse el lujo de segmentar mucho más su público y no reducirlo únicamente a las necesidades de las nuevas generaciones que no conocieron a los clásicos. No olvidemos que conocer la historia permite aprender a no volver a repetirla. Borrarla no hará que desaparezca de la conciencia colectiva.

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En palabras finales, el caso Disney es un claro ejemplo de cómo una compañía de la industria del entretenimiento pudo casi deshacerse de sus competidores directos uniéndose a ellos. Así lo hizo adquiriendo Pixar, Marvel, LucasFilm y finalmente Fox. Pero ya sabemos que la gran empresa del ratón Mickey va por más, mientras continúa generando contenido live action para las nuevas generaciones de sus clásicos animados que un día fueron el gran orgullo de Walt.