Drew | Business Insights

Garbarino: el final de una empresa y sus lecciones de gestión

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 9/05/26 13:00

El Juzgado Nacional en lo Comercial N°7 decretó la quiebra definitiva de la histórica cadena de electrodomésticos. Tras más de cuatro años de proceso concursal y el fracaso del mecanismo de cramdown, la empresa que alguna vez dominó el mercado minorista argentino inicia su liquidación. Lo que dejó atrás es también un mapa de señales que muchas organizaciones ignoran hasta que es tarde.

El juez Fernando D'Alessandro dictó la sentencia de quiebra de Garbarino, poniendo fin a un proceso judicial de más de cuatro años. La resolución implica el cese inmediato de las actividades de la compañía y el inicio del remate de todos sus activos para intentar resarcir a los acreedores.  La decisión judicial se precipitó tras el agotamiento de las instancias legales previstas en la Ley de Concursos y Quiebras. Venció el período de exclusividad durante el cual la empresa tenía prioridad para negociar con sus acreedores, sin conseguir los avales necesarios. Tampoco prosperó el mecanismo de cramdown —la instancia que permite a terceros presentar propuestas para rescatar la firma—, que concluyó sin resultados.

La única sociedad interesada registrada fue Vlinder, una sociedad financiera constituida en 2024, que nunca llegó a presentar una propuesta formal de reestructuración. La propia controlante de Garbarino también solicitó participar del proceso, pero tampoco concretó ninguna presentación. Con ese escenario agotado, la quiebra se volvió inevitable.

Entre los activos a liquidar se encuentran las marcas Garbarino y Compumundo, las plantas industriales Tecnosur y Digital Fueguina en Tierra del Fuego —que permanecían paralizadas—, los restos de la financiera Fiden y los activos vinculados a Garbarino Viajes, cuya quiebra ya había sido dictada el año anterior.

<<<Madurez organizacional y la capacidad real de tu crecimiento>>>

 

De 240 sucursales a tres locales

Fundada en 1951 por los hermanos Daniel y Omar Garbarino, la empresa creció hasta convertirse en uno de los grandes jugadores del retail argentino, con un modelo de negocio apoyado en la venta de electrodomésticos en cuotas, una estrategia clave en un país con alta inflación y restricciones al crédito. Durante su etapa de mayor expansión, llegó a contar con más de 240 sucursales, 4.500 empleados y el 25 por ciento del mercado minorista.

El deterioro fue progresivo. Entre 2016 y 2019 las ventas del sector cayeron casi un 50 por ciento. En 2019, Garbarino tuvo ingresos por 28.359 millones de pesos y registró una pérdida de 8.665 millones, con un patrimonio neto negativo de 5.365 millones y una deuda bancaria que superaba los 3.600 millones de pesos, además de 7.000 millones adeudados a proveedores.

En 2020, la compañía fue adquirida por el empresario Carlos Rosales, titular del grupo asegurador Prof, quien se hizo cargo de una deuda total de 11.000 millones de pesos entre proveedores y bancos acreedores. La reconversión prometida —con foco en logística y comercio electrónico— nunca llegó a materializarse. En noviembre de 2021, la empresa envió 1.800 telegramas de despido, marcando el inicio del desmantelamiento final. Al momento de la sentencia de quiebra, solo quedaban tres locales abiertos en la ciudad de Buenos Aires.

<<<Planificar para crecer: desafíos de las empresas en expansión>>>

 

Las señales que anticiparon el colapso

El caso Garbarino no es únicamente la historia de una empresa víctima de la macroeconomía. Es también el relato de decisiones postergadas y señales ignoradas que, en su acumulación, hicieron inviable cualquier salida. Esas señales tienen valor más allá del caso puntual: aparecen, con distintos nombres y escala, en organizaciones de cualquier sector.

  • Deuda estructural sin plan de reducción: una empresa que llega al cambio de control con un pasivo de 11.000 millones de pesos, patrimonio neto negativo y deuda con proveedores acumulada durante años no enfrenta una crisis coyuntural: enfrenta un problema de diseño financiero. La deuda que no se gestiona activamente se convierte en el techo que limita cualquier decisión estratégica posterior. Cuando la carga financiera supera la capacidad de generación de caja operativa, el margen para maniobrar desaparece, y con él, la posibilidad de invertir, reconvertirse o resistir un escenario adverso.

     

<<<Compras y flujo de caja: una relación crítica>>>

  • Modelo de negocio sin adaptación al entorno: la caída del consumo, la inestabilidad macroeconómica, la falta de crédito y la acumulación de juicios laborales y comerciales fueron erosionando una estructura que ya venía perdiendo competitividad frente a cadenas más capitalizadas y al avance del comercio online. Garbarino construyó su liderazgo sobre la venta en cuotas y la escala de sucursales físicas. Cuando ambas variables se deterioraron simultáneamente, el modelo no tenía un plan B. La pregunta relevante para cualquier organización no es solo cómo está funcionando hoy, sino qué tan resiliente es ante los cambios que ya están ocurriendo en su entorno. 

     

<<<Diagnóstico organizacional previo a un cambio estratégico>>>

 

  • Tamaño sin rentabilidad como señal de alerta: tener 240 sucursales y el 25 por ciento del mercado no es sinónimo de salud organizacional. La escala sin rentabilidad sostenida es una trampa: genera la ilusión de fortaleza mientras acumula costos fijos que se vuelven insostenibles ante la primera contracción de ingresos. La rentabilidad sobre ventas, el flujo de caja libre y el nivel de endeudamiento sobre el patrimonio son indicadores que deben monitorearse con la misma atención que los números de facturación.

     

  • Decisiones tardías que cierran las salidas: en 2021 se intentó rematar el 51 por ciento del paquete accionario de Compumundo, pero no hubo ofertas. En instancias posteriores, los intentos de venta de las plantas industriales tampoco encontraron compradores. Cada vez que una empresa espera al límite para tomar una decisión difícil (vender un activo, cerrar una unidad, renegociar una deuda), el margen se estrecha y las condiciones se deterioran. Las salidas que existen hoy no siempre estarán disponibles mañana. 

     

 

 

El quiebre de Garbarino y las lecciones para las empresas

El quiebre de Garbarino y las lecciones para las empresas apuntan hacia una misma dirección: la viabilidad de largo plazo de una organización no se define en las crisis, sino en las decisiones cotidianas de gestión financiera, adaptación del modelo y velocidad de respuesta ante señales tempranas de deterioro.

Ninguna empresa colapsa de un día para el otro. Lo que el caso Garbarino muestra con claridad es que el final de una organización suele ser el resultado acumulado de años de señales ignoradas, decisiones postergadas y estructuras que dejaron de ser viables mucho antes de que la justicia decretara su quiebra. Leer esas señales a tiempo —y actuar sobre ellas— es la diferencia entre una crisis gestionable y una que ya no tiene salida.