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Logística hoy: entre eficiencia, visibilidad y presión constante

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 12/02/26 12:00

La logística se convirtió en uno de los espacios más exigidos —y más observados— dentro de las organizaciones. Ya no es solo un área operativa encargada de mover productos: es un sistema crítico que impacta directamente en costos, experiencia del cliente, continuidad del negocio y reputación. La gestión logística actual se desarrolla bajo una presión permanente, donde cada decisión debe equilibrar eficiencia, visibilidad y capacidad de respuesta.

Este artículo propone una lectura del contexto logístico contemporáneo, analizando las tensiones estructurales que enfrentan las empresas sin reducir el debate a soluciones puntuales. El foco está en comprender el escenario y los dilemas que atraviesan hoy los responsables de operaciones.

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Un entorno más demandante y menos previsible

En los últimos años, la logística pasó de operar en marcos relativamente estables a hacerlo en escenarios volátiles. Interrupciones en cadenas de suministro, fluctuaciones de costos, cambios en patrones de consumo y mayores exigencias de servicio redefinieron las reglas del juego.

Reportes recientes coinciden en un punto central: la logística dejó de ser un factor de soporte para convertirse en una ventaja —o desventaja— competitiva directa. Las empresas que no logran adaptarse a este nuevo contexto ven rápidamente erosionada su rentabilidad y su capacidad de cumplir compromisos.

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Presión por costos: el límite de la eficiencia tradicional

La optimización de costos fue históricamente el eje central de la gestión logística. Sin embargo, el margen para seguir ajustando bajo las mismas lógicas es cada vez menor. Combustibles, tarifas de transporte, costos laborales, almacenamiento y seguros muestran una tendencia creciente, mientras que los clientes esperan precios estables o incluso más bajos. Este escenario genera una tensión estructural: reducir costos sin deteriorar el nivel de servicio.

Las organizaciones operativas enfrentan decisiones complejas:

  • consolidar o fragmentar envíos,

     

  • redefinir niveles de inventario,

     

  • renegociar contratos logísticos,

     

  • absorber costos o trasladarlos al cliente.

     

La eficiencia ya no se logra únicamente “ajustando”, sino repensando cómo se distribuyen esfuerzos, riesgos y prioridades dentro de la cadena.

 

 

Visibilidad operativa: una necesidad que expone fragilidades

Otro rasgo central del contexto actual es la creciente demanda de visibilidad. Clientes internos y externos esperan saber qué ocurre, dónde están los productos y cuándo llegarán, incluso en escenarios inciertos.

Esta necesidad expone una realidad frecuente: muchas organizaciones operan con información fragmentada, procesos poco integrados y dependencias críticas de personas clave. La falta de visibilidad no solo genera ineficiencias, sino que incrementa el riesgo operativo y la reacción tardía ante desvíos.

Según análisis del World Economic Forum, uno de los principales desafíos logísticos globales no es la falta de capacidad, sino la dificultad para coordinar actores, información y decisiones en tiempo real.

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Coordinación: el eslabón más frágil

La logística moderna es, ante todo, un ejercicio de coordinación. Áreas internas, proveedores, transportistas, clientes, aduanas y operadores externos participan de una misma cadena, pero no siempre bajo los mismos incentivos ni tiempos.

Cuando la coordinación falla:

  • los plazos se dilatan,

  • los costos se multiplican,

  • las responsabilidades se diluyen,

  • y los conflictos aparecen entre áreas.

La gestión logística deja de ser un problema técnico y se transforma en un desafío organizacional. No alcanza con que cada parte “haga bien lo suyo” si no existe una lógica común que ordene prioridades y flujos de decisión.

 

 

Más exigencia, menos margen de error

A la presión por costos y visibilidad se suma un factor clave: la tolerancia al error es cada vez menor. Retrasos, faltantes o incumplimientos impactan de forma inmediata en la experiencia del cliente y en la percepción de la marca.

Estudios muestran que las organizaciones con fallas logísticas recurrentes enfrentan mayores tasas de pérdida de clientes, incluso cuando el producto es competitivo.

Esto obliga a los responsables de operaciones a trabajar con un nivel de estrés sostenido, tomando decisiones bajo presión y con información incompleta, lo que refuerza la necesidad de criterio estratégico más que de respuestas reactivas.

 

 

Logística y toma de decisiones: más allá de la urgencia

Uno de los riesgos del contexto actual es caer en una gestión puramente reactiva. Resolver el día a día sin revisar supuestos de fondo puede sostener la operación en el corto plazo, pero debilita la estructura en el mediano.

La gestión logística requiere hoy:

  • priorizar con claridad,

  • diferenciar urgencias reales de ruidos operativos,

  • entender qué problemas son coyunturales y cuáles estructurales,

  • y alinear decisiones logísticas con la estrategia general del negocio.

Esto es especialmente relevante para decisores de operaciones, que deben equilibrar continuidad operativa con capacidad de adaptación.

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Un rol cada vez más estratégico

En este escenario, el rol del responsable logístico evoluciona. Ya no es solo un gestor de flujos físicos, sino un actor clave en la toma de decisiones empresariales. Su mirada impacta en costos, promesas comerciales, planificación financiera y satisfacción del cliente.

Las organizaciones que reconocen este cambio tienden a integrar la logística en discusiones estratégicas más amplias, entendiendo que lo operativo no es un “backstage”, sino parte central del modelo de negocio.

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Conclusión

La logística actual opera en un equilibrio delicado entre eficiencia, visibilidad y presión constante. La gestión logística enfrenta límites estructurales que no se resuelven solo con más exigencia o ajustes aislados, sino con una comprensión profunda del contexto en el que se mueve.

Para los decisores de operaciones, el desafío no es únicamente sostener la operación, sino hacerlo con criterio estratégico, entendiendo cuándo un problema es operativo y cuándo es una señal de que el sistema necesita repensarse.

En un entorno donde el margen de error es mínimo y la complejidad es creciente, la logística deja de ser una función silenciosa para convertirse en uno de los espacios donde se define —cada día— la competitividad real de la empresa.