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¿Cómo saber si tu estrategia es viable en 2026?

Escrito por Equipo de redacción de Drew | 25/02/26 12:00

El inicio del año suele ser el momento en que la estrategia deja de ser una construcción conceptual para convertirse en experiencia concreta. Los objetivos comienzan a interactuar con la operación, aparecen tensiones entre prioridades y el contexto externo introduce variables que no siempre estaban contempladas en el plan original.

En ese escenario, muchos líderes experimentan una sensación difícil de nombrar: la estrategia no parece incorrecta, pero tampoco termina de encajar del todo. Los resultados no reflejan lo esperado, la ejecución exige ajustes constantes y la organización opera con una mezcla de claridad y duda.

Hablar de ajustes estratégicos tempranos no implica cuestionar la validez del rumbo, sino revisar su vigencia. La estrategia no es un documento estático que se defiende, sino un marco vivo que necesita calibrarse a medida que la realidad organizacional y del mercado evoluciona.

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El primer trimestre como test estratégico

El Q1 funciona, en la práctica, como un período de validación. Las prioridades definidas a fin de año se enfrentan a la disponibilidad real de recursos, a la carga operativa y a la respuesta del mercado. Es allí donde aparecen fricciones que no siempre eran visibles en la planificación.

Algunas estrategias muestran rápidamente su tracción: las decisiones fluyen, los equipos comprenden prioridades y la ejecución avanza con relativa estabilidad. Otras, en cambio, generan señales de tensión: proyectos que no despegan, objetivos que compiten entre sí o iniciativas que requieren redefiniciones constantes.

Estas situaciones no necesariamente indican que la estrategia esté equivocada. Muchas veces revelan que ciertos supuestos necesitan revisión o que el contexto evolucionó más rápido de lo previsto.

 

 

Señales que invitan a revisar la vigencia estratégica

Detectar la necesidad de ajuste no siempre es evidente. En la mayoría de los casos, las señales aparecen de manera gradual y pueden interpretarse como problemas operativos aislados. Sin embargo, cuando se observan en conjunto, revelan patrones que merecen atención.

Una señal frecuente es la aparición de desvíos recurrentes en la ejecución. Cuando los equipos deben modificar prioridades o redefinir alcance para avanzar, es posible que la estrategia no esté alineada con la realidad operativa.

También suele aparecer tensión entre áreas. Objetivos que en el papel resultan complementarios pueden entrar en conflicto en la práctica, generando fricción en la toma de decisiones y en la asignación de recursos.

Otra señal relevante es el crecimiento de iniciativas paralelas que no estaban contempladas inicialmente. Estas “urgencias” suelen responder a necesidades reales del negocio y, cuando se multiplican, evidencian que la estrategia no está capturando del todo el contexto actual.

Finalmente, la percepción del liderazgo es un indicador válido. La sensación de que la organización avanza, pero sin claridad sobre el impacto real, suele ser una invitación a revisar el marco estratégico.

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Desvíos operativos o inconsistencias estratégicas

Uno de los desafíos al analizar la viabilidad de la estrategia es diferenciar entre problemas de ejecución y cuestiones de diseño estratégico. No todo desvío exige un ajuste en el rumbo, pero ignorar señales estructurales puede amplificar el desalineamiento.Los desvíos operativos suelen manifestarse en procesos específicos, equipos o proyectos puntuales. Con ajustes de coordinación, recursos o seguimiento, la ejecución puede recuperar estabilidad.

En cambio, las inconsistencias estratégicas se expresan de manera transversal. Aparecen en múltiples iniciativas, generan decisiones contradictorias y producen desgaste en la organización. En estos casos, el problema no es cómo se ejecuta, sino qué se está intentando ejecutar.

La capacidad de distinguir entre ambos escenarios es clave para evitar sobrerreacciones o, por el contrario, postergar decisiones necesarias.

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Revisar supuestos: el punto de partida del ajuste

Toda estrategia se construye sobre supuestos: comportamiento del mercado, disponibilidad de recursos, respuesta de clientes, capacidad interna de ejecución. Cuando el contexto cambia, esos supuestos pueden perder vigencia.

Revisarlos no implica rehacer la estrategia desde cero, sino actualizar el marco que la sostiene.

Algunas preguntas que pueden orientar esta revisión incluyen:

  • ¿El contexto competitivo se mantiene como se proyectaba?

     

  • ¿La organización dispone de las capacidades necesarias para ejecutar el plan?

     

  • ¿Las prioridades definidas siguen generando valor en el escenario actual?

     

  • ¿Existen nuevas oportunidades o riesgos que no estaban contemplados?

     

Este ejercicio permite comprender si los desvíos responden a cambios del entorno o a limitaciones internas, y facilita definir el tipo de ajuste requerido.

 

 

Ajustar sin perder coherencia

Uno de los temores habituales frente a la revisión estratégica es la pérdida de rumbo. Sin embargo, ajustar no significa abandonar la visión, sino recalibrar el camino para sostener su viabilidad.

Los ajustes estratégicos tempranos suelen manifestarse en cambios de foco, redefinición de iniciativas o revisión de métricas de éxito. En muchos casos, la esencia de la estrategia se mantiene, pero se modifica la forma de avanzar.

Este proceso requiere claridad en la comunicación. Cuando los equipos comprenden que el ajuste responde a aprendizaje organizacional y no a improvisación, aumenta la confianza y la capacidad de adaptación.

La coherencia estratégica no depende de la ausencia de cambios, sino de la consistencia entre propósito, decisiones y ejecución.

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Un Q1 que habilita aprendizaje

El primer trimestre no es solo un período de ejecución, sino una oportunidad para aprender sobre la propia organización y sobre el contexto en el que opera. Los desvíos, tensiones y ajustes que emergen en esta etapa pueden convertirse en insumos valiosos para fortalecer la estrategia.

La pregunta relevante no es si la estrategia necesita cambios, sino cómo interpretarlos de manera que la organización mantenga coherencia y capacidad de respuesta. Detectar señales tempranas permite ajustar con menor costo y mayor claridad.

En 2026, donde la volatilidad y la velocidad de cambio forman parte del escenario empresarial, la viabilidad estratégica estará vinculada a la capacidad de revisar, aprender y recalibrar el rumbo sin perder propósito.